La forma en la que uno mira el mundo es mucho más que mirar el mundo.

Esta frase que así suena algo filosófica es lo que me llevó a formar mi empresa. En Estambul están orfebres maravillosos con los que he trabajado durante años. Es una ciudad alucinante, repleta de vitalidad en cada esquina, con una HISTORIA apabullante y sobre todo con unos contrastes entre lo moderno y lo antiguo que no tienen lugar igual en el mundo (a excepción de la India me atrevería a decir).

Visité Estambul por primera vez cuando tenía 19 años y me fui de Interrail con un par de amigas. Levábamos unas semanas de viaje por Italia y Grecia y nos pasamos una noche entera en bus desde la costa turca hasta Estambul. Recuerdo no pegar ojo de la emoción. Me decía a mi misma: “Virginia, mañana vas a poner tus pies en Estambul”.

Las especias, Santa Sofía, el color de las alfombras, el aroma del pescado asado, los bigotes de los hombres, las lámparas, los gorritos, los zumos de granada, los bordados de las telas, las piedras preciosas…

Todo, absolutamente todo lo que viví durante esos días me maravilló.

Y la vida se encarga de buscar la manera de que lo que te apasiona se repita (tu debes poner de tu parte claro), y Estambul se convirtió en un lugar de trabajo para mi.

Os pongo un collage hecho con mis fotos, y el Living Vogue que habla de mi forma de crear y de Verdeagua, y sobre todo de Estambul. Espero que os guste. En breve tendré listo una pequeña Guía de Estambul  con lugares que debéis encontrar si vas a esta maravilla de ciudad, y sobre todo lugares que a mi me han inspirado.

 

 

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